DEPORTADOS EN BARAJAS, MADRID
Acá estamos de vuelta mi nieta y yo, deportados de la tierra de mis ancestros.
En la ruta de la sangre también hay semáforos que se prenden en rojo. La carta de invitación que mandó mi hija no era la correspondiente y no pudimos entrar.
Mis hijos y mis nietos andaluces se quedaron esperando en Málaga nuestros abrazos. Y Lucía, la nieta que venía desde Argentina conmigo no pudo ni siquiera darle un abrazo a su madre.
No traficamos droga y estamos huyendo de la justicia. Sólo traficamos lo único que tenemos, AMOR. Amor a nuestras raíces, a la ruta de la sangre, a la cultura y tradición que heredé de mis abuelos, bisabuelos y tatarabuelos españoles.
Soy una docente jubilada, argentina, que además escribe por herencia genética y estoy muy triste por lo que ha pasado. Triste por mi nieta que ni siquiera pudo abrazar a su mamá, porque venía cargada de ilusiones con sus 17 años y claro, a esa edad hay conceptos legales que no se entienden.
Acá estamos las dos, tratando de elaborar esta situación. Somos varios los deportados, cada uno con sus historias personales. Todos tratan de levantar el ánimo pero no es fácil.
Cuando no se toman atajos y se caminan por senderos establecidos hay semáforos, algunos amarillos que entorpecen el fluir de la vida emocional, pero bueno, esto es así, ¿qué podemos hacer?
Milagros Alonso.
Pasaporte Nº 04950861
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