DEPORTADOS EN BARAJAS, MADRID
Mi nombre es Marina, soy argentina y resido en España desde hace 4 años. En el mes de marzo de este año ha nacido mi primer hijo. Mi madre ha venido desde Argentina a fin de acompañarme en este momento tan especial. Se ha quedado a mi lado desde febrero hasta abril. Le envié la carta de invitación. Jamás se la pidieron.
Con muchísima ilusión uno de mis hermanos, Ariel, ahorró el dinero para sacar su pasaje y venir a conocer a su primer sobrino. Tenía el billete de vuelta, dinero en efectivo, cheques del viajero y una tarjeta de débito con el comprobante del depósito y el sello correspondiente del Banco pero no tenía la carta de invitación. Permaneció en el aeropuerto, retenido, más de veinticuatro horas sin perder aún la ilusión, pensando que sería sólo una mala anécdota para contar... pero que al final todo se solucionaría. No fue así. Lo deportaron. Lo deportaron junto a un grupo de jóvenes argentinos, brasileños, chilenos. Cada uno guardaba dentro de sí la ilusión de un viaje soñado, de conocer lugares, de reencontrarse con los suyos, abrazarlos, reírse juntos al menos por un tiempo y recuperar así lo que la distancia roba.
Yo, su hermana, que sólo lo vi en estos cuatro años sólo diez días en el año 2008, estaba completamente entusiasmada con el reencuentro. Podría tener en mis días de baja maternal a mi hijo de tres meses y a uno de mis hermanos. Lo esperaba con ansias y más de una noche me imaginé, soñé con el reencuentro. Sueños rotos, esperanzas hundidas, abrazos no dados. Mi hermano ya no estaba a 12.000 kilómetros, se encontraba a sólo 464 … pero tampoco lo pude ver. ¿Quién sana esta herida?, ¿Qué respuesta se le puede dar a este dolor? |